Recobre mi dignidad
En la oficina, mi jefa acostumbraba invitarme a comer. Acepté una vez. Me invitó a ir a un hotel con ella. Me negué, pero sus invitaciones y coqueteos se hicieron más frecuentes. Yo le explicaba que tenía que seguir con mi trabajo. Ella promovió a varios de mis compañeros, pero a mi me ignoraba. Me sentía hostigado. Llegó el momento en que no aguanté más y dejé el trabajo. Perdí el empleo, pero recobré mi dignidad.

Cargando... 