Varias parejas, entre las que se daba mucha violencia física, reportaron que al haberse ido a vivir a un país donde la violencia se persigue de oficio, dejó de darse en su relación. Además, al darse cuenta de que la violencia emocional y económica era mal vista socialmente en esa nueva comunidad, estas conductas también fueron disminuyendo.
El Vecino
Desde que éramos chicos, mi hermano me acariciaba. Él era ocho años mayor que yo y me decía que lo hacía porque me quería. Yo le respondía que se me sentía incómodo, pero él seguía. No sabía que hacer; me daba susto decirle a alguien, pues él era más grande y más fuerte. Sentía que mi mamá lo defendería a él. Fue hasta que ya éramos adultos que entendí que él me había violado. Tardé mucho tiempo en comprenderlo, y más aún en aceptarlo. Durante muchos años me costó trabajo acercarme a mi pareja, sentía que me podía dañar. Por fin logré hablarlo con una amigo que también había sido víctima de una violación por una vecino. El había ido a terapia y me ayudó.
Recobre mi dignidad
En la oficina, mi jefa acostumbraba invitarme a comer. Acepté una vez. Me invitó a ir a un hotel con ella. Me negué, pero sus invitaciones y coqueteos se hicieron más frecuentes. Yo le explicaba que tenía que seguir con mi trabajo. Ella promovió a varios de mis compañeros, pero a mi me ignoraba. Me sentía hostigado. Llegó el momento en que no aguanté más y dejé el trabajo. Perdí el empleo, pero recobré mi dignidad.
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